VIRGILIO. PINTOR, 1914-1947
 
  Virgilio nació el 13 de mayo de 1914 en Olot, en la provincia de Gerona.
Esta ciudad de 30.000 habitantes es famosa por su escuela de pintura paisajística post-impresionista y sus fabricas de estatuaria religiosa que hicieron de ella el "Santo Sulpicio" de España, exportando al mundo sus producciones de un gran realismo. Es en uno de estos talleres en los que Virgilio, adolescente, será iniciado a la pintura. Pero este joven de alma vagabunda y curioso por naturaleza, se encontró culturalmente aprisionado en su pequeña ciudad al margen de la información y de las novedades artísticas.
 
  Con dieciocho años, marcho a Barcelona para llevar la vida bohemia y cotejar un medio impregnado de las nuevas aventuras del arte moderno, puesto que seguian latentes las trazas dejadas por Picasso pero también por todos esos artistas extranjeros que entre 1914 y 1936 habitaron la capital catalana ( Picabia, Gleizes, Charchoune, Delaunay,...). En la primavera de 1936, efectúa un viaje a Madrid, para visitar el Prado y descubrir la primera exposición de Picasso en España.
Virgilio tiene veintiún años cuando estalla la Guerra Civil en el verano de 1936; vuelve a Olot donde lleva a cabo sus primeras acciones revolucionarias para luego integrarse en un batallón compuesto por militantes anarquistas y de las F.A.I. Luchara en el frente de Aragón, en Zaragoza, Huesca y en el infierno de la terrible batalla de Belchite.
 
 
  La guerra, más allá de su violencia, es además un lugar de encuentros donde coinciden, al azar de los movimientos de las tropas, músicos, pintores, escritores; como el de Rafael Alberti y su Teatro Poético " que visita los regimientos republicanos". De su contacto con las Brigadas Internacionales, Virgilio perfecciona su francés y se lía de amistad con hombres que pronto volverá a ver en Paris.  
  El 8 de febrero del 39, pasa la frontera en el flujo inmenso de refugiados, pegado a la ventana de un vagón.... Es internado en el campo de Argeles de donde se evade para dirigirse hacia Paris. Pero su camino se detendrá provisionalmente en el hospital de Montauban por su estado de salud de lo más precario. Le diagnosticaran tuberculosis. Es también en este hospital donde conoce a su futura esposa. De ahora en adelante, la vida de Virgilio se dividirá como en un tríptico: amor, sufrimiento y arte.
Es esta última entrega la que le empuja a Paris.
Allí reencuentra compañeros de guerra, descubre un ambiente artístico rico y dinámico que le acoge calurosamente. Le vemos en el " Vieux Dôme", cuartel general de Picasso quien recibe a los perdidos refugiados de España. Virgilio es presentado al Maestro de Málaga, se ven regularmente hasta que este último le invita a su estudio. Virgilio ejecutará varios retratos de Picasso que él devolverá igualmente.
Picasso aprecia lo justo y lo original de los propósitos del joven catalán en política y le anima en su pintura, a ir más lejos y a materializar con más exigencia, sus ideas, con el fin de sobrepasar un cubismo demasiado analítico. Mantiene largas conversaciones con Jaime Sabartes , el poeta que hace oficio de secretario de Picasso. Virgilio está apasionado por los filósofos franceses; tiene de hecho en su mesilla de noche el "Diccionario Filosófico" de Voltaire. Durante su estancia en París y hasta la declaración de guerra con Alemania, se reunirá regularmente con el pintor y el poeta españoles; realizará decenas de pinturas en las cuales se ve progresivamente desaparecer la anécdota en favor de formas cubistas cada día un poco más depuradas. Algunas de estas pinturas serán expuestas en la Galería Cartelucho que presenta a otros artistas españoles como Clavé y Grau Sala.
 
  Empujado por esta nueva guerra y la enfermedad que le va minando, Virgilio vuelve al Sud-Oeste, a la Francia Libre y se instala en Toulouse dónde halla un ambiente favorable para pintar y vuelve a encontrarse con viejos amigos que también se habían instalado en esta nueva capital de la España libre en el exilio. Se lía de amistad con el pintor Camps-Vicens, antiguo capitán de la Armada republicana que trabaja a la manera fauvista; se encuentran a menudo puesto que viven a solo unas casas de distancia al borde del Garona.
Esta época atormentada de la guerra, mientras su estado de salud se agrava progresivamente, es para Virgilio jornadas de intenso trabajo. Su esposa, muy valiente, le ayuda tanto como puede para que realice su obra que le posee como una última droga, ya que pinta día y noche como si presintiese un fin próximo. Pinta sobre todos los soportes que puede encontrar en esos tiempos de penuria (manteles, toallas,...). Su técnica es simple y recuerda a la de los pintores a fresco del románico de los que se siente descendiente. Pasa temporadas en el sanatorio de Amélie- Les-Bains, en esta región que le acerca a su España, dónde descubre Collioure y la Costa de Vermeille que le inspirara varias pinturas.
 
  Agosto de 1947, en su apartamento de Toulouse, la luz del atardecer baña centenas de lienzos enrollados o suspendidos de las paredes, los últimos han perdido las curvas de antes para no ser más que capas que se dirigen hacia una monocromía certera; después de Malevitch, cierto, pero antes de Rauschenberg y Klein! En esas tórridas jornadas de verano, las últimas miradas de Virgilio vagan sobre el Garona en calma, luego el sol se pone definitivamente bajo un arco del Pont-Neuf...
Hoy, más de medio siglo después de su muerte, la obra de Virgilio hace su reaparición y nos sorprende por su variedad, su densidad pero también por su modernidad. Ella refleja la experiencia de un artista que ha sabido desarrollar la última fase del cubismo, analizando y luego sintetizando los objetos del mundo visible en un espacio fragmentado que concentra sus líneas de fuerza sobre un objeto central: una guitarra, un porrón, una barca o una forma geométrica. Es una obra salvaje la suya, concebida en el secreto, como si el dolor y la exigencia de la creación le intimasen el silencio, hasta el punto de no divulgar nada de sus avances en el arte moderno y de tocar así la mayor humildad. Virgilio había entrado en religión; él, el anarquista, se había abierto la puerta de lo sagrado. Con treinta y tres años, va hasta el final de su obra que lleva hasta lo más lejos y bascula hacia un arte esencial y despojado hasta tocar el color y la forma únicas más allá de los cuatro costados del cuadro. Así, como una estrella fugaz, Virgilio ha atravesado la Historia!
 
 
 
Carmen Alzina